Hola a tod@s los que me estáis leyendo. Mi papá me ha dicho que lo ha leído mucha gente y que incluso algun@s os habéis emocionado. Me alegro mucho y espero que sigáis leyendo mis aventuras, experiencias, o como queráis llamarlo en este mundo al que acabo de llegar.
Lo último que os comenté fué la llegada a casa. Nada más llegar, nos instalamos, y como no podía ser de otra manera, me entraron unas ganas irrefrenables de comer. Así que me puse a llorar, ya que es la única forma de que mis papás sepan que me pasa algo. A veces les cuesta saber que es, y es normal ya que me han contado que soy el primero y van un poco perdidos. De todos modos estoy muy contento porque son superatentos y nada más hago algún gestito o algún grito, esnseguida vienen a ver que me pasa.
Como os decía lloré un poco para que me dieran de comer, y mi mamá enseguida me dió el pecho. Como soy pequeñito aun no tengo mucha fuerza para succionar la leche y estoy un buen rato para comer. Así aprovecho también y estoy junto a mi mamá y siento su calorcito. La verdad es que me lleno enseguida, porque según escuché en el cursillo al que iban mis papás, tengo el estómago del tamaño de una cereza. Yo todavía no he visto ninguna pero pienso que deben ser pequeñitas.
Después de comer, he de eructar, y el especialista en eso es mi papá. Me coge con muchísima delicadeza, y me pone sobre su hombro la barriguita. Me da unos golpecitos y al cabo de un rato eructo y me quedo supertranquilito. He de confesar, pero sin que nadie se entere, que me tiro muchos peditos jijijijiji, y no se porque a mis papás les hace mucha gracia, pero huelen jajajajaja.
Todos los días de estas dos semanas han sido agotadores para mí. Hacer caca y pipí, comer, dormir, eructar, ir al pediatra. Parece que no pero para una personita como yo, es muy muy agotador.
A los cinco días me llevaron a la pediatra, que según tengo entendido, es mi doctora. Es una chica rubia con gafas, que se llama María. Su consulta es muy chula. Está llena de dibujitos y de imágenes con muchos colores, y justamente encima de la camilla donde me desvisten para mirarme, hay una especie de cubo de papel (cucaña), que siempre que mi papá me viste y me desviste, como es tan alto, se da con ella.
Cada dos por tres me ponen en una báscula para pesarme y ver que no pierdo mucho peso y que voy aumentando lo que toca. Por ahora parece que va bien, porque mi mamá me da de comer cada vez que lo pido, y además como la cantidad que toca.
La única cosa que me han dicho que no me gusta es que este año no podré ir a la playa. Cachis la mar, con lo morenito que me quería hacer yo. Me han dicho que no puedo ir porque todavía no tengo la piel formada al 100% y me podría quemar. Y claro como yo quiero mucho a mis papás, no me importa esperar al año que viene para que podamos ir los tres juntos.
Estaréis pensando. ¿entonces te pasas todo el día en casa?. Nooooooooooooooooo. Mis papás me sacan a pasear en el carrito un rato por la mañana y otro por la tarde cuando menos aprieta el sol. No soportaría estar todo el día encerrado en casa, sin que me diera el aire o el solecito.
Todo esto que os cuento, son para mí aventuras y experiencias en las que voy descubriendo poco a poco como es la vida. Así que si queréis seguir informados de mis novedades, seguid atentos el blog de Jordi.
Besitos para tod@s y gracias por seguir mis experiencias.

